Fotos de escudos de indios



Fotos de escudos de indios

Albergue Peña Castil

Situado en Sotres, el pueblo más alto del Parque Nacional de los Picos de Europa, el albergue Peña Castil, te ofrece un entorno de montaña inigualable.

La comodidad de las instalaciones y el buen ambiente, te permitirán disfrutar de la montaña como nunca.

Equipamiento y servicios

El albergue cuenta con 52 plazas distribuidas de la siguiente forma:

Los servicios que ponemos a tu disposición:

Actividades

El pueblo de Sotres es el punto ideal de partida para recorrer los Picos de Europa, con innumerables rutas con distintos niveles de dificultad.

Además de las innumerables posibilidades de turismo activo en la zona, en el albergue te ofrecemos:

Además de las tradicionales rutas por el Macizo Central, te recomendamos otras de menor duración como La Caballar y La Terenosa, donde se elabora queso Cabrales con los procedimientos artesanales de hace siglos.

En el albergue te informaremos sobre las rutas que desees y de las opciones de aventura y turismo activo de la zona.

Historia de Cabrales

Bien conocidas son las referencias y vestigios de la época prehistórica en Cabrales, algunos de reciente descubrimiento, como las cuevas de Jabiana; Colines; Los Canes en Arangas, cavidad sepulcral en el epipaleolítico tardío que contiene, además, grabados digitales en paredes y techo, así como restos líticos y óseos anteriores todos ellos al epipaleolítico; Tíu Oyines (Arangas), como la precedente, en fase de estudio y adscrita al epipaleolítico tardío; Covaciella; la del Bosque del Taranu, etc., que documentan, además de un valioso arte paleolítico, una secuencia cultural cada vez más completa de los diversos períodos, desde el Paleolítico, pasando por el Neolítico (con numerosos restos y enterramientos en cuevas), hasta la Edad del Bronce que atestiguan las hachas y otros instrumentos hallados en Asiego.

Del magdaleniense —periodo prehistórico de fines del Paleolítico superior— son dos cuevas estudiadas en 1994 y 1995, que reúnen grabados y pinturas parietales, de color negro y rojo. La Covaciella descubierta por casualidad en términos de Las Estazadas (Puertas) en octubre de 1994 al efectuar una voladura para un ensanche en la carretera AS-114 (Cangas de Onís-Panes) y actualmente cerrada al público para su estudio, protección y preservación de las primitivas condiciones ambientales, se fecha hacia el 14.000 antes de Cristo y contiene, en perfecto estado de conservación, un grupo de bisontes de contorno negro bien preciso, en actitud de cortejo a lo que parece, las figuras de caballo, ciervo y cabra, amén de signos y manchas de color. En 1995, después de un primer análisis, realizado por Javier Fortea, se verifica el carácter prehistórico de la cueva del Bosque de Taranu, sita en las inmediaciones de Inguanzo, y de sus manifestaciones rupestres (ya conocidas desde tiempo atrás), y su adscripción al magdaleniense. Este abrigo exhibe tres paneles decorativos: una serie de signos grabados o pintados en rojo (tridente, retícula, triángulos...), entre los que se inserta una cabra de pequeño tamaño; la figura de un toro y, por último, el Panel de las Cabras, formado por más de 20 animales, que «constituye un encantador y singularísimo estudio de tal animal; único en el arte paleolítico, pese a su modestia y precario estado de conservación» (J. Fortea).

Muy recientemente, arqueólogos de la Universidad de Cantabria, bajo la dirección del ovetense Pablo Arias Cabal y contando con la autorización y financiación de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, han hallado en la cueva de Arangas los restos de actividad metalúrgica más antiguos de la Cornisa Cantábrica, que datan de la Edad del Bronce, hace unos 4.000 años. Lo obtenido corrobora la trascendencia de la actividad de transformación del cobre en Asturias en torno al 2000 antes de Cristo, una zona que, como afirman los responsables del descubrimiento, fue sin duda el principal núcleo metalúrgico del Cantábrico de la época. En este abrigo han aparecido crisoles, fragmentos de mineral parcialmente reducido, escorias y gotas de cobre fundido, lo que convierte a este magnífico yacimiento metalúrgico en el más antiguo de todo el Cantábrico, según el arqueólogo Pablo Arias, para quien «la cueva de Arangas se convierte en uno de los puntos de referencia prehistórico porque proporciona mucha información sobre un periodo poco conocido, y especialmente sobre una actividad muy interesante como la metalurgia». La cueva de Arangas, localizada en las afueras del pueblo de igual nombre, se encuentra a unos 20 km de la mina de cobre del Milagro, perteneciente al concejo de Cangas de Onís, explotada desde el segundo tercio del III milenio antes de Cristo, y todavía más próxima a la Delfina, en Ortiguero (Cabrales), de donde pudo abastecerse de mineral. Además de los restos metalúrgicos de la Edad de Bronce, el equipo de arqueólogos sacó a la luz otros muchos objetos cerámicos prehistóricos y metálicos, entre los que sobresale un puñal de bronce de 14,5 cm de largo. Los miles de fragmentos de cerámica encontrados están siendo objeto de estudio para recomponer la forma original de las vasijas. A consecuencia del elevado número de elementos cerámicos rescatados, la cueva de Arangas es, asimismo, al decir de estos investigadores, «el yacimiento más relevante del Cantábrico».

Dícenos, a fines del siglo XVIII, el juez noble Francisco Antonio Fernández de Lamadrid que «por tradición y conjeturas no del todo despreciables, se tiene por fundador de dicho concejo [Cabrales] al Príncipe Astur cuando trajo robada de Fenicia la reina de Europa, sentando su residencia en este término, tomando por castillo, muro o defensa (para librarse de las diligencias, que por hallarla hicieron los hermanos de esta reina) las precitadas Peñas de Europa, denominadas con el nombre de esta reina, de donde proviene el nombre de Escuderos que conservan los vecinos de Arenas, feligreses de Santa María de Llas, que se hallan situados al pie de la referida roca y le sirvieron de guarda, centinela y defensa». En 1801, y sobre este propósito, dice Juan Bernardo de Mier, «nada se sabe de sus moradores en tiempos antiguos y se ignora el origen de su nombre, Cabrales, como no se quiera conjeturar que hayan motivado semejante denominación lo accidentado del terreno y su aptitud para mantener cabras y la ocupación de sus primeros habitantes en el tráfico y comercio de esta especie de ganado». Los orgenomescos y vadinienses son señalados por Aureliano Fernández Cueva como antiguos pobladores del concejo. Apenas hay aquí restos de época prerromana y romana, con la salvedad de la lucerna romana hallada en Mina Delfina y las vagas noticias del descubrimiento de un bronce de Marco Aurelio y una punta de lanza, presumiblemente romana, en Bulnes. Del circular castro de Tarano (Asiego), que se ubica en un cerro calizo y tiene 100 m de diámetro, se ignora si se trata de un castro indígena (prerromano), romanizado o posterior, al no ser estudiados sus restos. Sí se considera romana la llamada calzada de Caoro, construida durante las guerras cántabras y utilizada para el tránsito y comercio de minerales; llegaba de Llanes a Arenas y subía Portudera trazando curvas hasta la cima de Pruvia; posteriormente se dirigía hacia Sotres y Aliva para después bifurcarse hacia Liébana y Valdeón; se conserva bastante bien, pudiendo apreciarse tramos de empedrado natural.

Bajo la dominación romana el territorio ocupado por Cabrales pasó a formar parte del Conventus Cluniensis, cuya capital era Clunia (Coruña del Conde, Burgos).

Como término independiente se cita Cabrales por primera vez en un documento de 1188 suscrito por Alfonso IX. «Parece claro que la delimitación de la propia entidad territorial del concejo de Cabrales, lo mismo que ocurre con otros muchos concejos asturianos en la Edad Media, tanto rurales como con villazgo o cabecera administrativa de rango urbano, aparece claramente definida por lo menos desde principios del siglo XIII en la forma en que, sin variaciones sensibles, ha perdurado hasta la actualidad» (Ana Belén de los Toyos). El municipio cabraliego aparece junto a otros concejos en la hermandad que, promovida por Diego Menéndez de Valdés, se reunió en el monasterio de Santa María de la Vega en 1367 para jurar fidelidad a Pedro I frente a las pretensiones de su hermano bastardo Enrique de Trastámara. Entre los nobles y leales conjurados a favor de la causa petrista se halló Alfonso Ruiz representando a Cabrales.

Algunos cabraliegos participaron en la conquista de México, como Diego de Colio, al lado de Hernán Cortés. Juan González de Arenas, en 1540, tomó parte en la pacificación de la Nueva Galicia «con sus armas y a caballo». Pedro Suárez Guerra, misionero asaetado por los indios en los primeros años del descubrimiento de América, y Gómez de Mestas, venerable religioso de la Orden de San Francisco en Puebla de los Angeles (México), donde falleció en 1627. Del hidalgo Diego de Colio y su destacada intervención en la empresa de Indias se conocen nuevos y reveladores datos gracias al estudio realizado por los historiadores José Ramón Martínez Rivas, Rogelio García Carbajosa y Secundino Estrada Luis sobre la contribución de los asturianos a la conquista y colonización de América. Fueron sus padres Pedro Díaz de Palmar y Juana Hernández de Cangas. De muchacho se trasladó al Nuevo Mundo, encontrándosele en 1518 en la isla de Cuba. Su posición económica resultaba desahogada ya que cuando partió en 1519 con Hernán Cortés a la conquista de la confederación azteca lo hizo llevando a su costa varios criados, armas y caballos. Participó con Cortés en toda la campaña de México, siendo herido durante el sitio de la ciudad de México-Tenochtitlán. Tomada la capital azteca, Colio colaboró en la toma de las provincias de Tepeaca y Panuco. De regreso a la ciudad de México, la Corona recompensó sus servicios entregándole la mitad de la encomienda de Guantichan y tres o cuatro pueblos en la provincia de Guantepec, que luego le quitaron para dárselos a Hernán Cortés. Despojado de sus posesiones, Diego de Colio compró entonces a Hernán Ruiz un pueblo de indios situado en el valle de Tonalá. En 1527 acompañó a Francisco Cortés al ignoto territorio del norte de México. La expedición resultó casi un paseo por el actual Estado de Jalisco. Los aventureros españoles avanzaron por las provincias de Avalos, Ameca, Shalisco y Guaristemba. Sólo en raras ocasiones tuvieron que pelear con los indígenas, ya que la mayoría de las veces éstos se sometían pacíficamente. El regreso se hizo por la llanura costera. En febrero o marzo de 1527, cuando se hallaban al norte de la bahía de las Ballenas, en el área de Nayarit, Diego de Colio y Juan de Villagómez descubrieron desde la costa tres islas, conocidas más tarde como las Tres Marías. Sin prestar mucha atención a este descubrimiento, Francisco Cortés prosiguió camino al sur, avistándose y sometiéndose otros muchos pueblos. Sólo en Tintoque, población de veinte mil habitantes, fueron atacados por los indígenas. En la exploración y conquista de esta gran área de México emplearon siete u ocho meses. Las últimas empresas de conquistas en la que intervino Diego de Colio fueron las de Guatemala y de Teguntepe. Durante algunos años vivió en la ciudad de México, donde el Cabildo le dio un solar (12 de febrero de 1538). Se trasladó luego a Nueva Galicia, territorio situado más al norte al que contribuyó a pacificar. Su gran prestigio como conquistador, sobradas cualidades personales y dotes de mando hicieron que en 1545 se le nombrase alcalde ordinario de la ciudad de Guadalajara. Dos años más tarde volvió a la ciudad de México con su mujer, Catalina de la Torre, dos hijas y un hijo legítimos. Por esta época realizó un viaje a España, donde consiguió unas cédulas reales en las que la Corona, como pago a sus servicios, le otorgaba la encomienda del pueblo de Yzlatlam, en Nueva Galicia, lugar al que se trasladó, fijando su residencia en Guadalajara. Aquí llegó a desempeñar el cargo de corregidor de Cuyutlan y Zalatitlan. En 1562, siendo juez de residencia de las minas de San Martín y su jurisdicción, fundó a diez leguas de este sitio, en territorio de litigio entre los gobiernos de Nueva Galicia y Nueva Vizcaya, la villa de Nombre de Dios y la pobló con veinte vecinos de San Martín. Dejó luego en ella como su lugarteniente a un tal Alonso García. La rivalidad entre la Audiencia de Nueva Galicia y Francisco de Ibarra, gobernador de Nueva Vizcaya, por el control de esta villa surgió de nuevo en 1569 con motivo del asesinato de uno de los vecinos. Las autoridades de Nombre de Dios invocaron la justicia de Ibarra, pero la Audiencia de Nueva Galicia mandó a Diego de Colio, a la sazón alcalde Mayor de San Martín, que tomase posesión de aquella villa y nombrase a otras autoridades afines a la Audiencia. Ibarra, enterado del suceso, vino a Nombre de Dios con cuarenta hombres, expulsó violentamente al asturiano y obligó a las autoridades locales nombradas por éste a renunciar a sus cargos, relevándolos por personas de su confianza. Los posteriores intentos de la Audiencia de Nueva Galicia por reponer a Diego de Colio en su puesto resultaron infructuosos. Finalmente, el virrey y la Audiencia de México tomaron cartas en el asunto, haciéndose cargo de la villa en litigio y nombrando interinamente otras autoridades hasta que el rey se pronunciara sobre el particular. Sólo falta decir de este cabraliego que el 27 de enero de 1563 la Corona le concedió un escudo de armas.

En 1657, Diego de Noriega y Posada obtiene un privilegio de Felipe IV, por el que se eximen de todas las alcabalas y derechos las ventas de ganado en el concejo de Cabrales, siendo ratificada por sucesivos reyes.

El concejo cabraliego era de realengo y sus representantes ocupaban en la Junta General del Principado —donde Cabrales concurría desde 1444— el asiento 29. Se elegían jueces 1º y 2º, ocho regidores síndicos, diputados y alcalde de la hermandad, todos del estado noble, nombrados anualmente por los vecinos, divididos en cuatro cuartos o distritos, siendo cada uno de ellos el que con alternancia hacía la elección correspondiente. La familia González de Buerdo gozaba de un regimiento perpetuo por compra a Felipe IV y, a finales del siglo XVI, la familia Bárcena tenía a perpetuidad el cargo de alférez mayor del concejo.

A comienzos del siglo XIX acontece la guerra de la Independencia contra el invasor francés y, a consecuencia de ella, la división, el 9 de junio de 1808, de la provincia en gobiernos militares, quedando el de Cabrales a las órdenes de Juan María de Mier y Mesta, coronel y vocal de la Junta Suprema de Gobierno. La villa de Arenas fue ocupada por el general Ballesteros en diciembre de 1808. Al capitán Ramón de Mier y su tropa les fue encomendada la defensa del concejo; su acoso a los hombres del general Bonet fue constante. Aun así, Arenas tuvo que padecer el ataque del coronel Gauthier y el incendio de su cuartel general. En este conflicto dieron muestras de gran valor muchos soldados cabraliegos.

Como apunta Ana Isabel de los Toyos, la estructura productiva tradicional de Cabrales continuó inalterable durante la centuria decimonónica, permaneciendo el concejo ajeno a los cambios y a la modernización experimentados por el campo asturiano. En ese siglo la ganadería y sus derivados siguen siendo el pilar económico de Cabrales, que tenía como industria más provechosa la del queso; su producción a fines del XIX, según Félix de Aramburu en su obra Monografía de Asturias (año 1899), se elevaba a 20.000 kg al año; en 1921, J. Vilar Ferrán, en la Topografía médica del concejo de Cabrales, la estimaba en 125.000 kg.

En el siglo XX varias son las fechas claves en el despertar de Cabrales al progreso. En 1900 se estrena la carretera Cangas de Onís-Panes, iniciada en 1871, lo que suponía romper la incomunicación con el exterior. Arenas, que había obtenido en 1910 la categoría de villa, acogió en 1913 una Escuela Técnica de Productos Derivados de la Leche, auspiciada por el Ministerio de Fomento. La compañía Electra del Viesgo fue la responsable de construir entre 1916 y 1921 el canal del Cares y la central eléctrica de Camarmeña-Poncebos, la carretera Arenas-Puente Poncebos en 1918, la Senda del Cares, así como la central de Arenas (1954-1958). A impulsar el turismo de montaña contribuyó decisivamente la heroica ascensión al Picu Urriellu o Naranjo de Bulnes (2.519 metros) protagonizada por Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, y Gregorio Pérez, el Cainejo, el 5 de agosto de 1904; la gesta mitificó esta cumbre y el reto por ellos lanzado obtuvo la respuesta esperada.

Los sucesos vividos en Asturias poco antes de la guerra civil tuvieron escasa repercusión en Cabrales; por su condición básicamente rural, le eran ajenas las reivindicaciones y revueltas obreras que tuvieron lugar en otras zonas de la región. Las elecciones municipales de abril de 1931 —prólogo de la Segunda República— fueron ganadas por la Conjunción Republicano-Socialista; el Frente Popular hizo lo propio en las generales del 16 de febrero de 1936. El 18 de julio de ese año estalló la guerra civil; el 16 de septiembre de 1937 los nacionales tomaron Arangas y, el 17, Arenas. Los milicianos se «echaron al monte», escondiéndose en los Picos de Europa para organizar la resistencia. Terminada la larga etapa franquista, se celebraron las primeras elecciones generales el 15 de junio de 1977, con triunfo en Cabrales de la candidatura de Alianza Popular.

El escudo que viene usando el Ayuntamiento es el siguiente: «En campo de sinople, un árbol de su color natural, surmontado de una cruz de oro con pedrería con las letras alfa y omega al tronco y arrimadas dos cabras mirando a la siniestra a un oso de sable colocado sobre una roca».

Vicente Fernández Posada

Cundo Estrada Luis

Area recreativa Asiego

Acceso:

Tomar la N-634 dirección Santander y en Arriondas se toma dirección Cangas de Onís y en esta población tomamos la AS-114 dirección Arenas de Cabrales. A unos 60 m. del letrero de entrada en Carreña, se toma un desvío a la izquierda dirección Asiego. A 2 km. se encuentra el área.

Reseña:

Desde este área se comtemplan unas vistas espectaculares de los Picos de Europa entre las que se cuenta una magnífica panorámica del Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu.

Casa La Papera

En las Cortinas, barrio emplazado en la salida hacia Arangas que reúne interesantes edificios rurales, empleados como cuadras o pajares, mostrando en sus frentes saeteras coronadas por arquillos de medio punto o bonitas ventanas conopiales, está la muy antigua casa La Papera, cuya fachada principal, de sillería, está orientada al sur. Su reedificación correspondió a Toribio del Campillo en 1767, canónigo tesorero de la Catedral de Santiago nacido en Alles (concejo de Peñamellera Alta); de ello queda constancia en la inscripción existente en el dintel del balcón de su cara noble. «Fueron dueños originarios de la casa los Pérez de Arenas, descendientes de la casa de Arenas e importante familia de la que descienden varios linajes nobles de Cabrales y Peñamellera» (Vicente Fdez. Posada); más tarde pasó a propiedad de los últimos inquisidores. En la parte superior de una de las esquinas de esta casa figura una piedra labrada con las armas de los Escuderos de Arenas y la inscripción: «Estas son las armas de los Escuderos de Arenas». En la misma fachada de privilegio hay tres huecos de tres escudos desaparecidos.

Iglesia de Santa María de Llas

La parroquial de Santa María de Llas (Bien de Interés Cultural por declaración del 20 de marzo de 1992), adscrita al gótico rural asturiano, se alza a las afueras del pueblo, en la margen derecha del río Ribeles, en dirección a Arangas. Para llegar al lugar de su emplazamiento, que resulta especialmente hermoso, hay que pasar un pequeño puente. El campo de la iglesia está presidido por un bonito tejo, plantado en 1860 según refleja una nota registrada en el libro de bautismos que se inicia en ese año. «Su alejamiento de lo que es hoy el núcleo principal de aquella villa se explica por el desplazamiento del caserío antiguo de Arenas, en el siglo XIX, al nuevo eje viario, en el que desemboca el camino antiguo que conduce al pueblo de Arangas, el más oriental del concejo de Cabrales» (Raquel Alonso e Isabel Ruiz de la Peña). Santa María de Llas fue iglesia abacial de la diócesis de Oviedo, figurando como tal en la Nómina parroquial del obispado ovetense fechada en 1385 (J. I. Ruiz de la Peña).

El templo, rectangular, consta de nave única de dos tramos, con capillas arrimadas a ambos flancos de la nave simulando un transepto y cabecera-santuario de planta cuadrada cubierta con bóveda de crucería. A su pies se sitúa el coro. Presenta un amplio pórtico columnado —donde perdura una inscripción con fecha de 1759— que protege parcialmente los muros norte y sur, más la cara oeste, en cuya adintelada puerta aparece la inscripción «Domus Dei». Espléndida es la primitiva portada sur, apuntada y levemente abocinada; está compuesta por tres arquivoltas lisas sostenidas por seis columnas de delgados fustes y capiteles embellecidos con hojas de parra, roble y racimos de uva.

En el interior, totalmente abovedado a resultas de la reforma emprendida en 1786 merced a las donaciones efectuadas por Toribio Díaz Moradiellos, descuellan la gótica ventana ojival del testero, cerrada mediante una celosía con parteluz, y el apuntado arco del triunfo. Añadidos posteriores son las dos capillas; la de Nuestra Señora del Rosario, en el lado del Evangelio, lleva grabado en su cúpula: «Ave María = Año de 1759»; en el lado de la Epístola se sitúa la capilla de San José. «En la pared de la Epístola, además de dibujos, hay escrituras en mal estado de conservación y difícil lectura. No menos interesante es la pintura de la sacristía, la cual presenta una curiosa perspectiva coloreada del pueblo: el eje del boceto lo constituye el Cristo de la Agonía» (V. Fdez. Posada); esta pintura decorativa fue realizada en las postrimerías del siglo XVI.

Ruta Garganta del Cares

Esta ruta está calificada como «Ruta a pie»

Descripción de la ruta

Se sale de la carretera de Poncebos. Pronto encontramos una desviación a la derecha que nos señaliza la ruta. Toda la senda discurre paralela al curso del río Cares ofreciendo maravillosas vistas de la garganta que forma el mismo.

Comienza con un pequeño ascenso hasta los Collados, continuando con un descenso. El resto del camino es prácticamente llano.

Se pasa por la antigua aldea de Culiembru, donde existió una capilla dedicada a San Julián. Se atraviesa el río para cambiar de margen, primero por el puente Bolín y más tarde por los Rebecos. A continuación viene una bonita zona de túneles antes de llegar a uno de los pueblos más recónditos de los Picos de Europa, Caín, que pertenece a la provincia de León. El regreso se hará por el mismo itinerario.



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